El mundo de los fermentados está en auge. Aunque este sistema de transformación de los alimentos es tan antiguo como la humanidad, últimamente son muchos los que hablan de los los beneficios de su consumo. Aprovechando este tirón, en los últimos tiempos han aparecido, casi como setas en otoño, muchas marcas que se dedican a la comercialización de este tipo de alimentos. Si acotamos el campo y nos referimos sólo a la kombucha, desde que Kombutxa de Mūn Ferments salió al mercado el año 2015, han ido surgiendo compañías que también venden té fermentado.

Escoger una kombucha de calidad, auténtica, sólo requiere de seguir unas premisas muy sencillas.  Hemos elaborado un pequeño decálogo que esperamos que te ayude cuando, frente a una nevera de Mercadona o Carrefour dudes sobre si llevarte esa kombucha a casa. La primera recomendación es que leas las etiquetas con mucho detenimiento. Menos es más, también en este caso.

El envase es crucial

No te fíes de una kombucha envasada en plástico. Escoge una que vaya en vidrio. Se trata de un material inerte que, además, no traspasa partículas peligrosas al contenido. Además, es totalmente reciclable.

¿Cómo y con qué la han elaborado?

Una kombucha auténtica debe tener un método de elaboración tradicional. Es imprescindible que haya partido de una infusión de té (los taninos son imprescindibles). Búscala con una etiqueta lo más concreta posible: menos es más. Los ingredientes que contenga tienen que ser naturales, descártala si provienen de concentrados, y si la procedencia es ecológica, te ahorrarás un montón de pesticidas.

Tu paladar también te ayudará a descartar. Si te recuerda a ese caramelo o a ese chicle que algún día consumiste, muy probablemente no sea tan natural como la venden.

Azúcar, sí, pero el mínimo posible

Suele asustar, y más cuando estás en el lado bueno de la alimentación, que en la composición de un producto conste el azúcar como ingrediente. En el caso de la kombucha, es un imprescindible. Sin azúcar, no hay kombucha. Los microorganismos que hacen posible la fermentación la usan de combustible para poder llevar a cabo el proceso. El quid de la cuestión es que la elaboración haya sido rigurosa y el máximo de cuidada posible para conseguir que estos microorganismos consuman la práctica totalidad del azúcar y lo conviertan en ácidos orgánicos super saludables. Paciencia y tiempo frente a inmediatez. Una bebida slow, con una fermentación larga, garantizará este punto.

Una kombucha con más de un gramo de azúcar por cada 100 ml, seguro que costará menos de tomar a quien no esté iniciado, pero también te aseguramos que será menos saludable de lo que la venden.

¿Un truco adicional? Si es artesana y, además, no necesita nevera, ¡has encontrado tu kombucha! Cuanto menos azúcar contenga, menos frío necesitará para conservarse.

Cuanto más viva, mejor

El calor y la kombucha sólo deben estar juntos durante el principio del proceso de elaboración. Someter a la bebida a una pasteurización, no hará más que eliminar de la escena esos probióticos naturales que han conseguido surgir durante su elaboración y que son los que, justamente, le dan buena parte de sus propiedades. Si no está filtrada, además, quizás tengas la suerte de ver un poco de SCOBY (Colonia Simbiótica de Levaduras y Bacterias) que ha hecho posible que la magia de la fermentación haya convertido lo que sólo era una infusión de té en una bebida cargada de propiedades saludables.

Tenemos muy buenas notícias. La totalidad de estas condiciones las cumple Kombutxa, de Mūn Ferments. Ingredientes naturales y ecológicos 100%, de proximidad en la medida posible, y un proceso de elaboración basado en la investigación, consiguen la kombucha más healthy8 variedades innovadoras, con una fermentación larga de un mínimo de un mes de duración, consiguen que contenga 1,8 gramos de azúcar cada 100 mililitros como máximo.

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